Vivimos
en una época donde las personas tienen distintas herramientas y medios para
expresar su opinión respecto a muchas de las situaciones sociales y políticas
que suceden en el contexto en el que vivimos,
el medio más importante es el internet atreves de las redes sociales, esto se debe a que
grandes cantidades de información pueden llegar rápido a un número de personas
que pueden tener una opinión directa en
relación a algún fenómeno de relevancia,
el uso de las redes sociales también permite a cada persona expresar su opinión influenciada principalmente por la información que se está recibiendo atreves de los distintos medios digitales. Sin embargo
muchas veces las fuentes de las que
proviene la mayor parte de esta información no está sustentada debidamente, provocando que las opiniones de las personas
se fundamenten en falacias o se vean influencias por un punto de vista
imparcial. Pero ¿Este es un fenómeno que
sucede solamente en internet atreves de las redes sociales?. No, la
falta de medios de información confiables han existido a lo largo de los años
provocando que la opinión crítica de las personas no se desarrolle de tal forma que se pueda
aplicar en la vida diaria, elecciones políticas,
problemas económicos o personales, y decisiones simples como que producto es más
favorable para su uso o consumo suelen
ser problemáticas que no todas las personas pueden resolver de forma sencilla.
Desde
mi punto de vista como docente, relaciono este fenómeno a la falta del desarrollo de un pensamiento crítico y analítico desde nuestra
formación educativa. La formación de las personas en el aspecto académico se ve influenciado directamente
por las capacidades y pedagogías del
docente, nosotros o son autónomos en la
decisión sobre lo que pueden y no enseñar, se basan directamente en los
programas de estudios, el currículo
y los enfoques de las asignaturas que los aprendizajes esperados que se pretenden
desarrollar en cada nivel educativo. El programa 2011 de educación básica, en
el nivel de primaria, fundamenta que el estudiante debe ser el centro de
atención y el principal participe de sus estilos de aprendizaje, de acuerdo a
sus principios pedagógicos, el docente no debe ser quien “llene” los
conocimientos en el alumno si no el de guía para desarrollar sus habilidades,
tomando en cuenta que tienen experiencias que sirven como base para sustentar el aprendizaje que se pretende desarrollar. Sin embargo el trabajo
en el aula se ve influenciado más por actividades y requisitos administrativos
que educativos, haciendo que el
ejercicio de enseñanza se vicie en actividades que se deben cumplir sin ningún objetivo aparente, cuando el
ejercicio del aprendizaje no se lleva a través de una reflexión, carece de un significado y por lo tanto no
tiene importancia. Gabriela Lopez
Aymanes en su ensayo “Pensamiento crítico
en el aula” cita a Robert Ennis (1985) quien define al pensamiento
crítico como “el pensamiento racional y
reflexivo interesado en decidir qué hacer o creer”, pero el pensamiento crítico
no es una acción inerte que carece de
características propias, es el resultado de habilidades como, el conocimiento,
la inferencia, la capacidad de analizar, juzgar y emitir juicios de valor así
como la metacognicion definida como el
pensamiento sobre el pensamiento como lo sugieren varios autores (Halpern,
1998; Kurfiss, 1988, Quellmalz, 1987, Swartz y Perkins). Este tipo de
habilidades son las que se deberían desarrollar en la educación básica, puesto
que dan como resultado las herramientas cognitivas para que una persona pueda
emitir juicios sobre algún tema en específico
a partir de la información que se sabe con seguridad de algún tema.
Como
docente, desarrollar el pensamiento crítico
y analítico no es una tarea fácil, (Jusino, 2003) menciona que una de las principales características
debe ser el interés del propio alumno para aprender, pero ya que los contenidos
de educación básica están estandarizados por aprendizajes esperados de un
determinado nivel, el proceso de aprendizaje puede llegar carecer de motivación
ya que los contenidos pueden estar desfasados del contexto en donde se
pretenden enseñar, si bien es tarea del profesor buscar la forma de que el
aprendizaje sea atractivo, la motivación es un sentimiento nato del alumno el cual no se puede forzar sin que haya un
interés de por medio.
El
lograr el desarrollo del pensamiento
crítico y analítico en los estudiantes,
para su uso en la vida diaria, ayudaría
a que los integrantes de nuestra sociedad tomen decisiones consientes a favor del bien común, es por eso que cada docente encontrar la motivación adecuada
para desarrollar el aprendizaje de forma consiente en los alumnos con quienes
se trabajan.
Bibliografía
·
Aymes, G. L. (2012).
Pensamiento Critico en el Aula. Docensia e investigacion, 41-60.
·
Jusino, A. R. (2003). Teoría y pedagogía del pensamiento
critico. Perspectivas psicológicas, 35-42.
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